martes, 3 de febrero de 2015

ENTENDIENDO EL SISTEMA FISCAL NORTEAMERICANO

Siendo español, estamos acostumbrados a nuestro sistema político, a nuestro ordenamiento jurídico y a nuestro sistema tributario, entendidos como un conjunto que caracteriza nuestra cultura pero cuando salimos de nuestro ambiente social y trabajamos, estudiamos o vivimos en los EE.UU. nos enfrentamos a una filosofía de vida diferente, con diferentes hábitos, diferentes valores y un especial sistema tributario que nos afecta.


Este artículo pretende acercarnos a entender la filosofía y principios generales del sistema fiscal norteamericano
visto desde el punto de vista de un ciudadano español que se enfrenta a él por primera vez. Las diferencias son notorias, aunque el trasfondo es el mismo, recaudar y perseguir las conductas fraudulentas. 
El sistema fiscal norteamericano se articula sobre la premisa de gravar las rentas conforme estas se van produciendo. El sistema obliga al ciudadano a contribuir de forma periódica en función de sus expectativas fiscales anuales. Tal es el caso que si en la declaración de impuestos final-anual que se presenta desde primeros de febrero hasta el mediados de abril el resultado global sobrepasa la deuda de $1.000, el propio código de impuestos estable una sanción adicional que debe añadirse a la cuantía a pagar en concepto de penalidad por no contribuir suficientemente en tiempo a lo largo del año.

Por el contrario, los españoles estamos acostumbrados a realizar una liquidación final anual sobre el monto total de nuestros ingresos de cualquier naturaleza, obteniendo una cantidad última que liquida nuestra responsabilidad fiscal del ejercicio. Esta cantidad, mas allá de las retenciones practicadas en función del tipo de ingreso obtenido, puede ser de cualquier cuantía sin implicar responsabilidad por falta de ingreso a cuenta o resultado liquidativo elevado.


Otra característica diferenciadora del sistema tributario norteamericano es que presume que el contribuyente cumple con sus obligaciones fiscales a priori, y en consecuencia la inmensa mayoría de las declaraciones de impuestos presentadas durante la temporada regular se dan por legítimas, procediendo a la devolución de las cantidades solicitadas tal y como el sujeto pasivo las demanda, tanto es el caso que cuando se produce algún error matemático, es el propio IRS el que lo corrige por defecto sin comunicación previa al contribuyente entendiendo que el error no obedece a razones de fondo, sino mas bien de forma.

Siendo benévolo, nuestro ordenamiento fiscal mantiene una posición neutra frente al contribuyente. En los casos en los que la Hacienda pública toma la iniciativa de liquidar los impuestos al contribuyente una vez conocida su información fiscal, los considera dentro un grupo de riesgo de perfil bajo ya que es la propia agencia tributaria la que controla el proceso, mientras que en los casos en los que el contribuyente aporta su propia información con sus propios criterios fiscales, los considera en otro grupo de elevado riesgo, retrasando las posibles devoluciones solicitadas.

Por último, como gran característica diferenciadora, el sistema fiscal norteamericano se rige de forma prioritaria por el principio de ciudadanía, y de forma accesoria por el criterio de origen de la renta obtenida o generada. En el primer caso, todas las personas con pasaporte norteamericano están obligadas a liquidar sus impuestos en los EE.UU. independientemente del lugar del mundo donde residan y del origen de las rentas obtenidas. En el segundo caso, todas aquellas personas extranjeras (entendidas como no ciudadanos norteamericanos) que hayan obtenido alguna renta procedente de una fuente situada en los EE.UU. están obligadas a declarar impuestos sobre dichos ingresos, independientemente que sean residentes o no en el país.

Un ciudadano norteamericano está obligado a declarar impuestos por todas sus rentas obtenidas a nivel mundial, y una persona extranjera está obligada a declarar sus rentas obtenidas de fuentes con origen en los EE.UU. (por ejemplo, dividendos recibidos de sociedades norteamericanas). En este segundo caso se encuentran las personas extranjeras que cumplen con los requisitos de residencia, y por tanto se asimilan a la tributación de cualquier otro ciudadano norteamericano, en tal caso pasan a considerarse bajo la misma normativa que los primeros.

El sistema tributario español se rige por el principio de residencia fiscal, cualquier persona, nacional o extranjera, que cumpla con el criterio de residencia en el territorio español, estará considerada “residente” a efectos fiscales, por tanto estará sujeto al Impuesto sobre la Renta de la Personas físicas. Por el contrario, aquellas personas con pasaporte español o no, que no cumplan con el criterio de residencia y hayan obtenido rentas procedentes del territorio nacional, serán consideradas “no residentes” y estarán sometidas al Impuesto sobre la Renta de Personas Físicas No Residentes.


Para concluir, se pueden apreciar las diferencias sustanciales que existen entre ambos sistemas fiscales, y como consecuencia de ello se puede entender que el ciudadano español que se desenvuelve en este nuevo ambiente puede sentir zozobra e inseguridad, y aún mas cuando descubre las repercusiones que pueden conllevar las malas praxis fiscales sobre su estatus migratorio, llegando al extremo de no poder abandonar el país hasta saldar las deudas con el fisco norteamericano.

Lo recomendable para toda persona que inicia una actividad económica (personal o societaria) en los EE.UU. o recibe algún tipo de renta (del trabajo, del capital o inmobiliaria) es buscar el asesoramiento fiscal adecuado, en este caso mas que nunca necesita “Planificación Fiscal.” Contacte con Nosotros

Fecha de Primera Publicación: Abril-2014
Publicación Actualizada: Febrero-2015

Diego Alarcón Contacte con nosotros
Agente Registrado por el IRS
Miembro de Asoc. Nac. de Agentes Registrados - NAEA


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